en français
en Español
Correspondencia de América latina con la cinta del SIDA.

¡ESCUCHA, APRENDE Y VIVE!

Campaña Mundial contra el SIDA 1999 con los niños y los jóvenes

Desafíos para América Latina y el Caribe

Brasilia, 25 de febrero de 1999

__________________________________________________

__________________________________________________

Introducción

Más de la mitad de todas las personas que se infectan por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en el mundo contraen el virus antes de alcanzar los 25 años de edad.

Es trágico observar como el VIH se cierne sobre un grupo de población joven y, si no fuera por esa enfermedad, relativamente sana. Pero no se trata de una coincidencia más, si tenemos en cuenta las circunstancias de la vida cotidiana de muchos jóvenes. Como hemos aprendido tras dos decenios de experiencia con esta epidemia, el curso que sigue el VIH se ve facilitado por la pobreza, la falta de conocimientos prácticos, la violencia y las normas sociales perjudiciales como el machismo y el inicio sexual precoz.

El presente documento de información hace un repaso de la situación de los jóvenes de América Latina y el Caribe en la era del SIDA. ¿Cuán expuestos están a contraer el VIH? En el contexto de su vida cotidiana, ¿qué factores tienden a hacerlos más vulnerables al virus? Por último, ¿cómo puede contribuir la comunicación a aprovechar los factores protectores que hay en su entorno y a desbaratar los que son perjudiciales?


¡ESCUCHA, APRENDE Y VIVE!

En 1997, la Campaña Mundial contra el SIDA destacó los problemas con que se enfrentaban los niños en un mundo con el VIH/SIDA. La Campaña de 1998 se centró en los jóvenes como fuerza para el cambio.

La Campaña Mundial contra el SIDA de 1999 trata de consolidar las actividades y la sensibilización creadas en los años precedentes dirigiendo la atención del mundo de forma más general hacia la comunicación:

__________________________________________________

El VIH/SIDA, los niños y los jóvenes: la amenaza es real

Se estima que a finales de 1998 en América Latina y el Caribe había 1,3 millones de adultos (de 15 a 49 años de edad) y niños (de 0 a 14 años de edad) viviendo con el VIH. En muchos países de la región, los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres y los que se inyectan drogas por vía intravenosa - por lo general también varones - están desproporcionadamente afectados por la epidemia. No obstante, las tasas crecientes de infección en las mujeres ponen de manifiesto que la transmisión heterosexual está adquiriendo importancia. A pesar de que la vigilancia sistemática está limitada, en las mujeres embarazadas que acudieron a dispensarios prenatales en Honduras y Porto Alegre (Brasil) se registró una prevalencia del VIH del 1% y de más del 3%, respectivamente. Las tasas del VIH en las mujeres embarazadas son notablemente más elevadas en el Caribe: en 1993, se observó una tasa del 8% en Haití, mientras que en 1996 se notificó una tasa similar en un centro de vigilancia de la República Dominicana.

Basándose en los limitados datos disponibles, el ONUSIDA estima que, en conjunto, solamente en 1998 se infectaron más de 65 000 jóvenes de 15 a 24 años de edad en la región. Además, el mismo año se infectaron aproximadamente 8000 niños de menos de 14 años. La mayor parte de esas infecciones ocurrieron en niños que contrajeron el virus a través de su madre seropositiva durante el embarazo o el parto o a través de la lactancia materna.

Como los sistemas de vigilancia del VIH suelen tomar la edad de 14 años como valor límite para las infecciones en niños, y teniendo en cuenta que la gran mayoría de esas infecciones se transmiten a través de la madre, se sabe relativamente poco acerca de la magnitud de la transmisión por vía sexual entre los jóvenes de 10 a 14 años de edad.

Los datos del Brasil dan a entender que se produce un cierto número de tales casos de transmisión sexual precoz. Por ejemplo, en 1998 casi el 10% de los casos de SIDA en los niños de 12 años o más jovenes no se produjeron como consecuencia de la transmisión maternoinfantil. Además, el 13% del total de casos acumulativos de SIDA en el Brasil desde el comienzo de la epidemia ocurrieron en jóvenes de 15 a 24 años, y el 82% se produjeron en personas de menos de 44 años. Es importante tener en cuenta que el SIDA es la fase final grave de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana. En los países en desarrollo, las personas normalmente desarrollan el SIDA en un promedio de 8 a 10 años después de contraer la infección inicial por el VIH. Eso significa que una persona de 30 años de edad con SIDA debió de infectarse cuando tenía aproximadamente 20 años.


El alcance futuro de la propagación

Sería un error juzgar la gravedad potencial de la amenaza del VIH para los jóvenes en América Latina y el Caribe basándose en las cifras actuales de infecciones y casos de SIDA. Para saber dónde está el verdadero peligro y comprender cómo puede crecer la epidemia, hay que examinar la importancia del comportamiento de riesgo existente, tanto sexual como relacionado con las drogas, y los factores de riesgo que afrontan las vidas de los niños y los jóvenes.

Las relaciones sexuales pueden iniciarse muy temprano. En la Encuesta sobre la salud del adolescente caribeño efectuada en 1998 por la Oficina Panamericana de la Salud (OPS) en 100 escuelas de Antigua, Dominica, Grenada y Jamaica, y entre niños que no iban a la escuela, se puso de manifiesto que más del 40% de los que declararon ser sexualmente activos habían tenido su primera relación sexual antes de los 10 años de edad, mientras que otro 20% dijo haber iniciado su actividad sexual a los 11 o 12 años. En algunos lugares, los jóvenes de las zonas rurales adquieren experiencia sexual antes que sus homólogos urbanos: en la República Dominicana, el 67,7% frente al 47,1%, respectivamente, y en Guatemala, el 71,4% frente al 48,8%.

Las relaciones sexuales precoces se tienen generalmente sin protección, como lo demuestran las consecuencias: el embarazo no deseado, la infección por el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS). En la encuesta del Caribe se halló que la mitad de todos los adolescentes sexualmente activos manifestaron no haber usado ningún método anticonceptivo en su última relación sexual. De acuerdo con un estudio de adolescentes y adultos jóvenes (de 19 a 30 años) realizado en Lima (Perú), tan sólo el 11% de los que eran heterosexualmente activos utilizaban un preservativo de forma sistemática, y el 22% declararon un embarazo no planificado. Dos de cada cinco varones jóvenes en Perú que se autoidentificaron como homosexuales declararon haber tenido relaciones sexuales anales sin protección en los últimos cuatro meses.

En un informe del Instituto Alan Guttmacher se destaca que, en la región en conjunto, entre una cuarta parte y la mitad de todas las madres jóvenes afirmaron que su embarazo no fue planificado. Y en un estudio comunitario realizado en Nicaragua se descubrió que más de la mitad de las adolescentes embarazadas habían empezado a tener relaciones sexuales entre los 12 y los 14 años; alrededor de la mitad de esas jovenes embarazadas tenían 16 años o menos. Muchas muchachas de la región que quedan embarazadas involuntariamente no llevan a término su embarazo: la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 23% de los 20 millones de abortos riesgosos anuales en el mundo se realizan en América Latina donde vive el 8.5% de la población mundial. En el Perú y Nicaragua, el 15% de todas las defunciones relacionadas con el embarazo se producen en adolescentes, y la mayor parte de esa mortalidad se debe al aborto ilegal.

A menudo las relaciones sexuales precoces son forzadas, y peligrosas. En Santiago de Chile, cerca del 3% de las mujeres jóvenes declaran que su primera experiencia sexual fue consecuencia de una violación. La mayor parte de las veces, el autor del abuso y la violación sexual no es una persona desconocida de la víctima, sino alguien relativamente cercano: un amigo, un pariente o la pareja, incluido el novio o el esposo (a pesar de que la violación dentro del matrimonio está raramente castigada por la ley). Las relaciones sexuales forzadas pueden lesionar las vías genitales y facilitar la entrada en el organismo del VIH o de los microbios que causan otras enfermedades de transmisión sexual, y provocar una infección. De acuerdo con un informe de Panos, los estudios realizados en los Estados Unidos revelan que entre el 4% y el 30% de las mujeres que han sido víctimas de violación contraen una Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) como consecuencia de ello.

El abuso y la explotación sexual de los niños, que a menudo se asocian con la pobreza y las familias disfuncionales, abren la puerta a un grave riesgo de propagación del VIH en América Latina y el Caribe. Las muchachas que han sido víctimas de abuso sexual durante la infancia suelen carecer de amor propio y de la sensación de controlar su vida, con lo que aumentan luego los riesgos de consumir drogas y de ingresar en el comercio sexual. En un país, el 80% de los niños que trabajaban como profesionales del sexo habían sido víctimas de abuso sexual, con frecuencia por un familiar. Las presiones económicas en la región han provocado que haya un número creciente de personas que viven en la pobreza absoluta. Incluso en Costa Rica, a menudo denominada la Suiza de América Central, el 10% de los habitantes viven en la pobreza absoluta, el 40% de las mujeres adolescentes no van a la escuela y más del 25% de las jóvenes de 12 a 19 años trabajan en el servicio doméstico por unos salarios inferiores al mínimo de subsistencia. Las trabajadoras domésticas corren el riesgo de explotación y agresión sexual por parte de los miembros masculinos de la familia empleadora. El turismo sexual, que suele considerarse un fenómeno que afecta a Asia, es otro problema creciente relacionado con el SIDA en la región. Los destinos preferidos para el turismo sexual con menores son Costa Rica y la República Dominicana, pero cada vez más se citan países como el Brasil, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y otros.

El consumo de drogas aumenta el riesgo del VIH. El consumo de drogas es un fenómeno que ocurre en muchos países de la región, y puede empezar a una edad muy temprana: por ejemplo, la inhalación de vapores de cola por los más jóvenes que viven o trabajan en la calle. El peligro de infectarse por el VIH compartiendo agujas para inyectarse drogas es muy conocido, y real. Por ejemplo, en un estudio efectuado en Río de Janeiro entre personas que se inyectaban cocaína (alrededor de una tercera parte de las cuales tenían menos de 25 años) se halló que el 15% eran VIH-positivas. Sin embargo, incluso entre los consumidores de cocaína que no se inyectaban la droga, la prevalencia del VIH era del 7%: una cifra elevada que se explica por la frecuencia de las relaciones sexuales sin protección entre los usuarios de drogas. En un estudio de personas toxicómanas en un centro de salud ambulatorio de Sao Paolo se encontró que aproximadamente el 60% realizaban prácticas sexuales peligrosas sistemáticamente, como las relaciones sexuales no protegidas, tener múltiples compañeros sexuales e intercambiar relaciones sexuales por drogas.

El consumo de drogas es tan sólo uno de un conjunto de factores -el desempleo, el hacinamiento, la fragilidad de la familia, el abuso físico y sexual - que crean un "entorno de riesgo" de violencia para muchos niños y jóvenes en la región. La OPS estima que en el 30-35% de las familias de América Latina se vive un clima de violencia. De acuerdo con una publicación reciente de la UNESCO, siete de los 10 países del mundo con la tasa de homicidios más alta entre los jóvenes se encuentran en la región. En muchos lugares, la violencia va estrechamente unida al riesgo del VIH. Por ejemplo, en un reciente estudio de jóvenes de 13 a 19 años en el Brasil, los que solicitaban asistencia en los servicios de urgencia (generalmente como resultado de la violencia) presentaban una prevalencia del VIH similar a las tasas que tenían los jóvenes que acudían a buscar tratamiento para una ETS, los cuales por definición se expusieron a una situación de riesgo teniendo relaciones sexuales sin protección.


La comunicación es fundamental

No existe una respuesta única o sencilla a estos problemas interconectados y a sus vínculos con el VIH/SIDA. Afortunadamente, se sabe mucho acerca de cómo crear una respuesta integral, eso es una respuesta que ayude a reducir la vulnerabilidad al VIH (una persona vulnerable es la que tiene poco o ningún control sobre el riesgo de contraer el virus), a disuadir el comportamiento de riesgo y a fomentar la comprensión entre los que son VIH-positivos y los que no están por el momento infectados.

Sea el caso de Tailandia, los Países Bajos o Uganda, dondequiera que las comunidades hayan adoptado un enfoque integral se han visto recompensadas por una tasa de infección más baja y por menos estigma y discriminación contra las personas que viven con el VIH o con SIDA. Basándose en esta experiencia mundial, el ONUSIDA y sus copatrocinadores han emprendido una estrategia mundial caracterizada por siete grupos principales de acción (véase el recuadro).


Los jóvenes y el VIH/SIDA:
Siete pasos para ir adelante

  1. Establecer o revisar políticas nacionales para reducir la vulnerabilidad de los jóvenes al VIH/SIDA y garantizar que se respeten, protegan y cumplan sus derechos.
  2. Fomentar la participación genuina de los jóvenes en la ampliación de las respuestas nacionales al VIH/SIDA.
  3. Apoyar los grupos de compañeros (pares) y jóvenes en la comunidad para que contribuyan a las respuestas locales y nacionales al VIH/SIDA.
  4. Movilizar a los padres, los responsables de adoptar políticas, los medios de comunicación y las organizaciones religiosas para que influyan en la opinión pública y en las políticas en materia del VIH/SIDA y los jóvenes.
  5. Mejorar la calidad y la cobertura de los programas escolares que incluyen el VIH/SIDA y aspectos relacionados.
  6. Ampliar el acceso a servicios de salud acogedores para los jóvenes, incluidos los servicios de prevención del VIH y de las ETS, de consejería y pruebas, y de asistencia y apoyo.
  7. Asegurar la asistencia y el apoyo a los huérfanos y a los jóvenes que viven con el VIH/SIDA

No se puede concebir ninguna de esas intervenciones sin comunicación: entre los jóvenes, entre los niños y los adultos, y dentro de la comunidad en conjunto. Eso es lo que ha motivado la elección de ESCUCHA, APRENDE Y VIVE como lema de la Campaña Mundial contra el SIDA 1999.

La comunicación puede dar valor a las personas para que superen tradiciones y actitudes perjudiciales. La comunicación puede contribuir a crear sensibilización respecto al VIH/SIDA, a comprender los hechos, a forjar aptitudes para la supervivencia. Por último, la comunicación puede crear lazos entre distintas generaciones, unos lazos que han demostrado ayudar a los niños y jóvenes a sobrevivir y a prosperar en un mundo con SIDA.


La comunicación: desafiando las normas adversas

El riesgo del VIH no se produce en un contexto vacío. En América Latina y el Caribe, como en cualquier otra parte del mundo, la vida de los jóvenes está colmada de circunstancias y expectativas que favorecen el comportamiento de riesgo, aumentan la vulnerabilidad, o ambas cosas.

Es importante reconocer que el riesgo del VIH proviene en gran parte del machismo, un término castellano cuyo uso se ha extendido también a otras lenguas porque resume con toda claridad el conjunto de comportamientos de riesgo y a menudo abusivos con los que, en muchas partes del mundo, se espera que los varones jóvenes demuestren su masculinidad.

El machismo pone en peligro las vidas: cuando menos, la vida de los propios varones jóvenes, tal como revela un informe reciente de Panos. Los varones jóvenes están presionados a demostrar su virilidad con relaciones sexuales precoces y frecuentes, y con múltiples parejas. Así, en Ciudad de México, el 15% de los muchachos frente al 4,5% de las muchachas tienen su primera relación sexual antes de los 15 años de edad; en Ciudad de Guatemala esas mismas cifras son del 31,6% frente al 13,9%. De los varones jóvenes se espera que tengan experiencia sexual. Sin embargo, muchos de ellos probablemente no saben mucho de la sexualidad. Entre los solteros de 15 a 24 años, las relaciones sexuales premaritales son más comunes en los varones, tal como se desprende de una serie de encuestas de salud reproductiva de los adultos jóvenes efectuadas en diversas ciudades y países de América Latina. Esas encuestas ponen de manifiesto que entre el 24% y el 73% de los hombres jóvenes de este grupo de edad habían tenido relaciones sexuales, en comparación con el 12-59% de las mujeres. Los que no están bien informados sobre el sexo no pueden permitirse decirlo, y acaban corriendo los riesgos consiguientes. Por último, la tensión entre el machismo y la homosexualidad dificulta la tarea de informar sobre la prevención del VIH a los hombres que tienen relaciones sexuales entre ellos. Como resultado de todos esos factores, en América Latina y el Caribe en conjunto las infecciones por el VIH entre los hombres son más numerosas que entre las mujeres.

La Fundación SIDA, en San Juan de Puerto Rico, llega a los varones homosexuales de 17 a 23 años de edad con un programa de prevención del VIH. Esos jóvenes participan en un taller de tres horas de duración durante 10 semanas y organizan un grupo de apoyo con la asistencia de un especialista en la prevención de casos que les proporciona asesoramiento y apoyo psicológico.

En un proyecto en gran escala llevado a cabo en 1997-1998 por la Liga Colombiana de Lucha contra el SIDA, se distribuyó información sobre las relaciones sexuales y el coito bucal más seguros y se celebraron talleres con jóvenes varones homosexuales que luego difundieron esa información y los conocimientos aprendidos entre su círculo social.

No obstante, los riesgos no se circunscriben solamente a los hombres. La otra cara de la moneda del machismo es la vulnerabilidad de las mujeres jóvenes, que se supone que deben ignorar todo lo que se refiere a su cuerpo y a las cuestiones sexuales y es previsible que consientan a las exigencias sexuales y a las decisiones masculinas incluso sabiendo que su compañero sexual puede haberse infectado en sus relaciones con otras mujeres, y que con frecuencia dependen psicológica y económicamente de él. Mientras que para los varones jóvenes los principales peligros del VIH provienen del consumo de drogas y de las relaciones sexuales entre ellos, la amenaza para las mujeres jóvenes surge principalmente de la transmisión heterosexual. Entre los brasileños de 15 a 17 años de edad, por ejemplo, las relaciones heterosexuales fueron el modo de transmisión del 7% de los casos de SIDA en los hombres pero de cerca del 48% en las mujeres. Y las infecciones entre las mujeres jóvenes están aumentando. En 1982, entre los jóvenes de 15 a 24 años, los varones superaban a las mujeres en el número de casos en una proporción de 12:1, mientras que en 1996-1998 esa proporción pasó a ser de 1:1.

El proyecto Gente Joven, en México, se propone luchar contra la imagen machista del hombre como abusador sexual. A través de una serie de películas y material diverso y con la ayuda de educadores pares, se estimula a los varones jóvenes a comportarse con responsabilidad en sus relaciones sexuales.

En Honduras, el proyecto Deporte para la vida, inicialmente patrocinado por el UNICEF en 1990, colaboró con estrellas del fútbol -personajes populares que encarnan el modelo masculino- que hablaron ante el público para aumentar la sensibilización con respecto al VIH, fomentar el respeto a las muchachas y las mujeres, y cambiar el guión sexual de los varones jóvenes.

La iniciativa del ONUSIDA/UNICEF "Juega sin riesgo" aprovecha igualmente el poder que tiene el fútbol para comunicar importantes mensajes sobre el SIDA, juntamente con actividades previamente organizadas en Ghana, Sudáfrica y Zambia. Al frente de la iniciativa se destaca Ronaldo, el joven brasileño dos veces ganador del premio anual de la FIFA al mejor futbolista del mundo, que actúa como Representante Especial de la Campaña Mundial contra el SIDA.

Las actitudes machistas también pueden ayudar a sembrar las semillas de la violencia. Si bien las víctimas principales de la violencia masculina son otros hombres, esos actos raramente aumentan el riesgo de contraer el VIH (entre las excepciones figura la violación en contextos exclusivamente masculinos, como los centros de detención y las cárceles). Sin embargo, las mujeres que son objeto de la violencia masculina -a menudo por parte del propio esposo o compañero sentimental- corren el riesgo de contraer el VIH. Las relaciones sexuales forzadas entrañan un riesgo más elevado de contraer el VIH, tanto por las lesiones genitales que pueden provocar como porque en esas circunstancias es raro el uso del preservativo. No obstante, incluso cuando la violencia no es sexual, la mera amenaza de serlo le impide a la mujer de reprochar a su compañero sus relaciones extramatrimoniales y que no se atreva a pedirle a éste que utilice un preservativo. Y cuando el abuso sexual se produce en una etapa temprana de la vida, las pruebas confirman que eso más tarde repercutirá en un comportamiento de riesgo sexual aún mayor.

El alcance del fenómeno de la violencia entre el hombre y la mujer es muy preocupante. En México, siete de cada 10 menores de edad víctimas de la violencia son niñas, y el 60% de las mujeres que fallecen por muerte violenta son menores de 13 años. De acuerdo con la Encuesta sobre salud del adolescente caribeño, uno de cada cinco jóvenes manifiesta que ha sido víctima de violencia física y uno de cada ocho informa haber sido abusado sexualmente antes de los 16-18 años de edad. Las muchachas tenían el doble de probabilidades de ser víctimas de abuso sexual que los muchachos.

En el Brasil, el Coletivo Mulher Vida (Colectivo Mujer Vida) ayuda a 850 muchachas adolescentes que viven en situaciones de elevado riesgo. Muchas de ellas han sufrido abusos sexuales por sus padrastros, por otros parientes o "amigos" de la familia. Por medio de la educación, el apoyo psicológico y la ayuda con fuentes de ingresos alternativas, este colectivo trata de modificar esos modelos de sumisión, fortalecer el amor propio y la auto-estima de las muchachas e impedir que ingresen en la prostitución, el turismo sexual o las bandas callejeras.

En México, una ONG llamada CORIAC está colaborando con grupos de muchachos que han sido violentos en sus relaciones intimas - o que temen que pueden serlo - y desean evitar cualquier violencia futura.

Para la mujer es fundamental resistirse a la violencia y enfrentarse a ella por medios jurídicos y de otra índole, pero también es capital emprender iniciativas orientadas a los hombres jóvenes, no tratándolos como si fueran de antemano actores o colaboradores tácitos de actos violentos, sino por el contrario logrando su participación como aliados en la prevención de la violencia contra las mujeres.


La comunicación: impartiendo conocimientos teóricos y prácticos

La comunicación es esencial para que los niños y los jóvenes puedan adoptar las medidas que necesitan para protegerse del VIH a sí mismos y a los demás. La prevención del VIH no puede hacerse para las personas, sino solamente por y con las personas, y únicamente cuando estas tienen los conocimientos, la motivación, la capacidad, los medios y la libertad para evitar las relaciones sexuales riesgosas y el consumo de drogas.

Las escuelas son un entorno importante para realizar esas discusiones: entre los maestros y los alumnos, y entre los propios alumnos. En los programas sobre la salud sexual se pueden impartir los conocimientos teóricos acerca de la sexualidad, la transmisión del VIH y de las ETS, el embarazo y el consumo de drogas, y pueden ayudar a los más jóvenes a aprender y practicar las aptitudes para la vida que se necesitan en el mundo de hoy. Entre esas aptitudes figuran saber comprender cuáles son las alternativas que tienen con respecto a las relaciones sexuales y el riesgo, cómo evitar las relaciones sexuales no deseadas o peligrosas y el consumo de drogas, cómo negociar un comportamiento más seguro, y cómo adoptar y defender sus propias decisiones frente a la presión de sus compañeros o de los adultos.

El diálogo con los niños acerca del VIH y la sexualidad debe iniciarse pronto, habida cuenta del comienzo temprano de las relaciones sexuales y del riesgo precoz de abuso sexual en la familia y la comunidad. A pesar de que en el presente hay más niños que van a la escuela durante un periodo más largo, muchos de ellos -especialmente las niñas- tienen relativamente pocos años de escolarización, y hay que aprovechar esta oportunidad única pero breve para asegurarse de que cuando dejen la escuela lo hagan con los conocimientos prácticos y teóricos necesarios para sobrevivir.

El proyecto Educación para la Vida y la Salud Familiar, de CARICOM y otros organismos colaboradores, tiene el objetivo de ofrecer a los niños y jóvenes en las escuelas, desde antes de la escuela primaria hasta la graduación universitaria, un curso de salud integrada que abarca educación en materia de salud sexual, prevención de drogas y educación sobre el SIDA. El curso se centra en el razonamiento crítico, la toma de conciencia, la adopción de decisiones, las técnicas de comunicación y la superación del estrés. La comunicación en el proyecto del CARICOM no se limita a las discusiones entre los maestros y sus alumnos. Un objetivo importante es capacitar a los maestros que ejecutarán el proyecto, y eso se está llevando a cabo por medio de un plan de estudios elaborado en colaboración con los jóvenes.

Los agentes de salud también pueden desempeñar la función de adultos de confianza con los que los jóvenes se pueden comunicar. En un estudio realizado en los Estados Unidos se halló que los adolescentes se mostraban más dispuestos a revelar a los médicos información delicada sobre su sexualidad y sobre el consumo de drogas, por ejemplo, cuando esos últimos les daban confianza y confidencialidad.

En Colombia, Profamilia pone a la disposición de los jóvenes y los adultos su dispensario de atención exclusiva para hombres en que se tratan las ETS, se presta asistencia urológica y otra atención médica, se practica la vasectomía y se ofrecen consejería y pruebas voluntarias del VIH. Los clientes ensalzan la labor del personal del dispensario, que fueron capacitados para atender con sensibilidad las necesidades especiales de los hombres, incluidos los que tienen relaciones sexuales con otros hombres.


Comunicarse para relacionarse

La comunicación con los jóvenes no sólo debe realizarse en las escuelas, los clubs de deportes, los dispensarios, los lugares de trabajo y donde sea que se reúnan. También debe existir en el hogar. Los jóvenes quieren comunicarse y entenderse con adultos de confianza. En América Latina y el Caribe, como en otras partes del mundo, los jóvenes manifiestan el deseo de un mayor diálogo sobre el SIDA, las relaciones sexuales y la sexualidad, y quieren que esa información les sea facilitada por sus padres. Según los estudios llevados a cabo por el Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer, los jóvenes necesitan y quieren comunicarse con sus padres, tíos, abuelos, padrinos y líderes de la comunidad.

Hay muchos casos en que las comunidades religiosas de América Latina y el Caribe han manifestado su solidaridad con las personas afectadas por el VIH/SIDA y han ampliado su asistencia y asesoramiento a esas personas. En Chile, la República Dominicana, Puerto Rico y otros países, los hospicios y los "hogares de apoyo" dirigidos por la Iglesia Católica proporcionan alimentos, servicios y asistencia pastoral a los jóvenes afectados por el VIH que han sido rechazados por su familia o comunidad. En la Argentina, la Iglesia ha establecido una red de servicios de asistencia en los municipios que presta apoyo a muchos adolescentes y consumidores de drogas infectados por el VIH. En Bolivia, Caritas patrocina seminarios de educación y consejería. En el Brasil, el tan difundido caso de Sheila -una niña VIH-positiva de cinco años de edad- ejemplifica la contribución que puede hacer la Iglesia en la lucha contra el SIDA. A Sheila se le negó la admisión en una escuela pública, cosa que desencadenó un gran debate acerca de los derechos de las personas con el VIH. Sheila fue aceptada en una escuela católica tradicional que fue la primera en ofrecerle su admisión incondicional. Los jóvenes manifiestan sentirse angustiados por la falta de comunicación. En la mencionada encuesta del Caribe, entre un tercio y dos tercios de los encuestados dijeron que no podían hablar de sus preocupaciones con su madre ni con su padre. Alrededor de una quinta parte de los más jóvenes estaban preocupados por la posibilidad de que sus padres les abandonaran. Los que tenían esas preocupaciones eran por lo menos dos veces más propensos a expresar un sentimiento de cólera extrema.

En la encuesta del Caribe, la falta de adultos atentos y solícitos se relacionó con consecuencias devastadoras. En ausencia de una madre atenta, entre un 25% y un 29% de los jóvenes de 10 a 18 años declararon haber realizado un intento de suicidio, en comparación con el 8-11% de los que recibían la atención solícita de la madre. Cuando faltaba la atención del padre, el riesgo de suicidio se multiplicaba por dos.

Escuchar las preocupaciones de una persona joven y hablar con él o con ella, es lo que distingue una relación afectuosa y solícita. Esos son los procesos que forjan el entendimiento entre un adulto y un niño. El hecho de contar con la atención solícita de un adulto ha demostrado tener efectos protectores. Por ejemplo, en la encuesta del Caribe, los jóvenes que recibían la atención solícita del padre eran menos propensos a un inicio sexual precoz, a una angustia extrema y a una salud precaria. En un estudio realizado en Alabama, Nueva York y Puerto Rico, se encontró que los jóvenes cuyas madres les habian hablado sobre el sexo antes de iniciar su vida sexual eran tres veces mas propensos a utilizar un preservativo en su primera relación sexual. Y en un estudio de gran escala efectuado en Minnesota, el mero hecho de contar con la atención de un adulto solícito -no necesariamente uno de los padres- demostró nuevamente que era un importante factor protector para los jóvenes. Cuando se midieron diversos parámetros de la salud de los jóvenes, entre los que figuraban el hábito de fumar, el inicio sexual y el embarazo, se halló que el hecho de recibir la atención de un adulto se asociaba con una salud mejor. Aunque parezca sorprendente, se encontró que otros factores citados con frecuencia -entre ellos, la raza, el nivel socioeconómico y de educación de los padres, y el hecho de vivir en una familia monoparental- no estaban asociados con el estado de salud.

Todos los padres jóvenes necesitan comprender la importancia que tienen la atención y el cuidado para sus hijos. Los hombres jóvenes necesitan una ayuda especial para superar la tradición centenaria que los relegan a desempeñar un papel menos importante en relación con sus hijos. Como ha señalado un padre: "Hablar con los hijos no es mi deber, es cosa de la madre. Ya conocen las reglas: si quieren algo de mí, se lo dicen a su madre y ella me lo comunica."

El proyecto PAPAI (papai significa "papá" en portugués), establecido en colaboración con el hospital universitario de la Universidad Federal de Pernambuco (Recife, Brasil), presta asistencia a los padres jóvenes y ayuda a luchar contra la norma del "padre ausente". El proyecto realiza actividades extrainstitucionales y con los medios de comunicación orientadas a promover una imagen positiva del padre. Ofrece asimismo actividades educativas y asesoramiento para grupos e individuos, trabajando en entornos donde hay muchos varones adolescentes, como el ejército y las escuelas. Un logro del proyecto es que dispone de un programa para madres adolescentes que aconseja a su vez a la pareja de futuros padres adolescentes.

Análogamente, en Jamaica una ONG llamada Fathers Incorporated ofrece a los varones jóvenes talleres sobre la importancia de la implicación del padre en la familia.


La comunicación rompe las barreras

La comunicación también es fundamental para romper las barreras que a veces separan a las personas que viven con el VIH o con SIDA de los demás miembros de su comunidad. Los niños y los jóvenes que son VIH-positivos tienen cosas importantes que enseñar a los que hasta ahora no se han infectado. Ellos también tienen necesidades importantes que merecen respeto y atención. Escuchar y aprender de ellos puede ayudarnos a todos no solamente a sobrevivir sino también a vivir positivamente.

América Latina y el Caribe han demostrado tener una notable capacidad de evolución, tal como lo confirma el cambio radical habido en la planificación familiar entre los adolescentes en menos de dos decenios. En México, por ejemplo, en 1976 solamente usaban un anticonceptivo moderno el 14% de los adolescentes, mientras que en 1995 esa cifra pasó a ser del 36%.

Para la región ahora el desafío es lograr un cambio de comportamiento de una magnitud similar, incluido el uso del preservativo, para evitar una epidemia progresiva del VIH entre los niños y los adolescentes.


Para obtener más información, le rogamos ponerse en contacto con Anne Winter, ONUSIDA, Brasilia, teléfono móvil (+55 61) 985.5147; Eliane Izolan, ONUSIDA, Brasilia (+55 61) 315.2544 o 225.0407; Lisa Jacobs, ONUSIDA, Ginebra, (+41 22) 791.3387; Karen O’Malley, ONUSIDA, Nueva York (+1 212) 584.5022. Asimismo, para más información sobre el Programa, puede consultar la página Web del ONUSIDA en Internet (http://www.unaids.org).


__________________________________________________

   Links on this page enable visitors to find information that may be of interest. Not all external WWW sites have materials consistent with the official policies and statements of the General Board of Global Ministries or The United Methodist Church. Only General Conference speaks for The United Methodist Church. The UNAIDS resources on this site are not official United Methodist material; they are provided as important information pertaining to this annual event.

   Health and Relief uses WebTrends Live to analyze traffic to this web site. WebTrends Live does not create individual profiles for visitors. Unlike some tracking services WebTrends Live does not have a database of individual profiles for each visitor. WebTrends Live only collects aggregate data. For more information about WebTrends Live privacy policy, please click here.