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Día Del SIDA Del Mundo

Questiones principales e ideas para la acción

Campaña Mundial contra el SIDA 1999 con los Niños y los Jóvenes

Programa común de Naciones Unidas sobre VIH/SIDA (ONUSIDA)

April, 1999

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¡Escucha, aprende y vive!
Campaña Mundial contra el SIDA 1999 con los Niños y los Jóvenes

La Campaña Mundial contra el SIDA de 1999, cuyo lema es ¡Escucha, aprende y vive!, centra su atención en la comunicación con los niños y los jóvenes. Aprovecha el impulso generado con dos años de actividades de promoción a través de la Campaña de 1997, que se distinguió por el lema de Los niños en un mundo con SIDA, y de la Campaña de 1998, que destacó a los jóvenes como La fuerza del cambio.

¡Escucha, aprende y vive! tiene dos objetivos principales. El primero es fomentar la sensibilización sobre la necesidad de escuchar a los niños y los jóvenes para que resulten eficaces los esfuerzos de prevención y asistencia relacionados con el SIDA. El segundo objetivo es fortalecer los programas sobre el SIDA con los niños y los jóvenes en diez áreas de acción.

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PRIMER OBJETIVO: Fomentar la sensibilización sobre la necesidad de escuchar a los niños y los jóvenes

La triste realidad es que seguimos necesitando campañas contra el SIDA orientadas a los jóvenes. Nuestros niños y jóvenes siguen infectándose y corriendo el riesgo de contraer la infección. En todo el mundo, más de la mitad de las personas que se infectan por el VIH son menores de 25 años.

Cada minuto, seis jóvenes de menos de 25 años se infectan por el VIH. Solamente el año pasado, más de tres millones de niños y jóvenes contrajeron el VIH.

Debemos preguntarnos por qué los niños y los jóvenes siguen estando en el punto de mira de ese virus. Durante muchos años, a los niños y los jóvenes se les ha dicho lo que debían y lo que no debían hacer: sin embargo, el número de infecciones sigue aumentando. Los esfuerzos han fracasado, en parte porque a los niños y los jóvenes se los ha estimulado poco para que comprendieran por qué deben protegerse a sí mismos y a sus compañeros, y no se los ha implicado adecuadamente en el desarrollo de políticas y programas de prevención y asistencia eficaces. Los adultos deben escuchar más lo que dicen los jóvenes para establecer con ellos programas pertinentes destinados a reducir al mínimo su vulnerabilidad al VIH y el estigma y la discriminación que entraña la epidemia.

Es imprescindible:

Debemos entablar un diálogo abierto para contener la epidemia: un diálogo entre los niños, los jóvenes y los adultos, entre los adultos, y entre los niños y los jóvenes.

Los padres, los responsables de adoptar políticas, las organizaciones religiosas y docentes, y los medios de comunicación influyen no sólo en la opinión pública, sino también en las políticas nacionales. Configuran las actitudes y los valores que orientan los comportamientos. Para influir en la opinión general, las comunicaciones con y sobre los niños y los jóvenes necesitan abordar sus puntos fuertes y débiles, la discriminación y los malos tratos a que se enfrentan, las contribuciones que pueden hacer y que hacen a la comunidad, y los diversos factores sociales que pueden propiciar la prevención del VIH entre los niños y los jóvenes.

Ideas para la acción...

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SEGUNDO OBJETIVO: Fortalecer los programas sobre el SIDA con los niños y los jóvenes

Las propuestas mencionadas más abajo para reforzar los programas sobre el SIDA con los niños y los jóvenes se basan en el documento de diciembre de 1998 titulado Young people and HIV/AIDS: Background discussion paper on the elements of a global strategy, de la Junta Coordinadora del Programa (ONUSIDA). Como la Campaña Mundial contra el SIDA actúa de mecanismo principal para los mayores desarrollo y aplicación de la estrategia mundial, las siete áreas de acción originales se han ampliado para abarcar cuestiones que guardan relación con los niños y han incorporado el aspecto de la comunicación concerniente al lema de la Campaña de 1999.

Esas áreas de acción no son preceptivas: son propuestas que los países pueden elegir en función de la pertinencia para sus prioridades.También se incluyen algunas Ideas para la acción que podrán aplicarse y ampliarse según sea apropiado. Es fundamental que los esfuerzos de movilización de la Campaña se utilicen para ir más allá de la promoción y fortalecer los programas para y con los niños y los jóvenes.

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Diez áreas de acción para fortalecer los programas sobre el SIDA con los niños y los jóvenes

  1. Políticas nacionales para proteger los derechos de los niños y los jóvenes y reducir su vulnerabilidad al VIH/SIDA.
  2. Participación de los niños y los jóvenes en la adopción de decisiones y en el apoyo y educación de sus compañeros.
  3. Comunicación para hacer frente a las normas sociales que aumentan el riesgo de infección por el VIH en los niños y los jóvenes.
  4. Diálogo de calidad entre los adultos, los jóvenes y los niños.
  5. Oportunidades económicas y formación profesional para reducir la vulnerabilidad de los niños y los jóvenes a la infección por el VIH.
  6. Educación sobre aptitudes para la vida, sobre salud sexual y sobre el VIH/SIDA dentro y fuera de la escuela.
  7. Servicios de salud acogedores para los niños y los jóvenes.
  8. Apoyo y asistencia a los niños y jóvenes que viven con el VIH/SIDA, afectados por la infección o que han quedado huérfanos por causa de esa enfermedad.
  9. Reducción del estigma y discriminación relativa al VIH/SIDA.
  10. Prevención de la transmisión del VIH de la madre al niño.

1 - Políticas nacionales para proteger los derechos de los niños y los jóvenes y reducir su vulnerabilidad al VIH/SIDA

Las políticas que fomentan el desarrollo sano de los niños y de los jóvenes y protegen, respetan y cumplen sus derechos contribuyen a reducir su vulnerabilidad al VIH/SIDA. Si no se adoptan y ejecutan esas políticas, los niños y los jóvenes continuarán presentando tasas de infección elevadas. Entre los derechos importantes figuran los establecidos en el Convenio de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, en el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo y en la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer.

Las políticas nacionales vigentes deberían revisarse con la participación de los jóvenes para asegurar que incluyan políticas sobre los niños, los jóvenes y el SIDA que sean pertinentes y respetuosas con los jóvenes. Esas políticas deben abarcar la protección de los derechos económicos de los niños y los jóvenes, así como sus derechos de participación, de educación, de acceso a los servicios de salud, de apoyo y asistencia, de asesoramiento y pruebas voluntarias, y de permanecer libres del estigma y la discriminación. También deben asegurar que se realiza la investigación suficiente para comprender la dinámica en evolución de la epidemia entre los jóvenes. Para ello, esas políticas deberán garantizar que se reúnan los datos sobre el VIH/SIDA por edad y sexo. Los planes estratégicos nacionales sobre el SIDA deben velar por que se preste la atención adecuada a las necesidades y los derechos específicos de los niños y los jóvenes.

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2 - Participación de los niños y los jóvenes en la adopción de decisiones y en el apoyo y educación de sus compañeros

La implicación y la participación genuinas de los niños y los jóvenes en todas las actividades que se relacionan con ellos deberían ser un principio general de trabajo.

Los jóvenes son una poderosa fuerza para el cambio en sus propios hogares, en las vidas de sus compañeros y en la comunidad en general. En todo el mundo, contamos con importantes ejemplos de jóvenes desempeñando una función activa, e incluso de liderazgo en la sociedad, particularmente cuando reciben el estímulo de los adultos que reconocen el enorme recurso que ofrecen esos jóvenes. En muchos países, se anima a los jóvenes a cumplir funciones de educadores y movilizadores en los grupos comunitarios locales, en las organizaciones religiosas y similares, incluidas las que trabajan en el campo del SIDA. Con su resistencia a las grandes dificultades psicológicas, económicas y físicas con que se enfrentan, algunos jóvenes son capaces de sobrevivir, luchar e incluso cuidar a otros.

Los grupos juveniles estructurados, como las asociaciones deportivas y religiosas, las ONG, las organizaciones de servicios para los jóvenes y los centros juveniles, son oportunidades inmejorables para que los dirigentes juveniles integren la educación sobre el SIDA en sus programas en curso. Con objeto de conseguirlo, se necesita capacitar a los jóvenes como educadores pares para la prevención del VIH y para la prestación de apoyo y asistencia a los que ya están infectados y afectados por el VIH/SIDA. Esas actividades deben recibir el apoyo de las autoridades locales y nacionales a través de la financiación directa, del uso de los recursos existentes, del apoyo a los programas de formación, de las oportunidades para el intercambio de experiencias, del fomento de sus actividades y del establecimiento de redes con posibles asociados del sector privado en iniciativas orientadas a los jóvenes.

Cuando existe un respeto mutuo, antes bien que la intención exclusiva de influir en los jóvenes, los adultos pueden comprender las ideas de los niños y los jóvenes y desarrollar conjuntamente con ellos políticas y programas mucho más creativos y pertinentes. Eso hará necesario que los órganos decisorios desarrollen sus propios mecanismos para consultar con los jóvenes y para involucrarlos en sus procesos.

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3 - Comunicación para hacer frente a las normas sociales que aumentan el riesgo de infección por el VIH en los niños y los jóvenes

En todas las sociedades, algunas normas sociales son un obstáculo para que los niños y los jóvenes se protejan a sí mismos contra la infección por el VIH. Entre esas normas figuran el comportamiento que se espera de los hombres y las mujeres, los papeles sexuales y sociales, los tabús culturales y otras cuestiones que no pueden discutirse públicamente. A menudo esas normas están profundamente enraizadas en las familias, los medios de comunicación y las escuelas que rodean y configuran los conocimientos del niño acerca del mundo y de su papel en él

En muchas sociedades del mundo, se supone que los varones jóvenes demuestran su masculinidad iniciando las relaciones sexuales precozmente, teniendo múltiples parejas sexuales y no preocupándose de protegerse del embarazo, de las enfermedades de transmisión sexual o de la infección por el VIH. Con frecuencia, de un hombre "de verdad" también se espera que esté bien informado sobre el sexo, lo cual suele significar que a pesar de que tengan escasos conocimientos sobre la materia no se atrevan a preguntar por miedo a dañar su imagen.

Al mismo tiempo, a las mujeres jóvenes a menudo se les recomienda que permanezcan ignorantes respecto del sexo, y que sean sexualmente inexpertas y puras. Sin embargo, muchas de ellas tienen relaciones sexuales precoces, y se ven obligadas a esconder de sus padres y otras personas su comportamiento. Por tanto es poco probable que esas muchachas tengan preservativos ya que eso sería percibido como una prueba de su actividad sexual e incluso podría llevar a etiquetarlas como "promiscuas". Asimismo, el papel femenino suele exigir submisión y pasividad, lo que hace difícil si no imposible para una joven mujer pedirle a su pareja masculina que sea fiel o que utilice un preservativo sin que tema graves repercusiones, como la violencia.

Para los varones jóvenes que tienen relaciones sexuales con otros varones el riesgo de rechazo social es elevado. Para ocultar su inclinación sexual, muchos de ellos tienen relaciones secretas o breves encuentros sexuales con poco tiempo para negociar el uso del preservativo. Muchos de ellos también tienen relaciones sexuales sin protección con mujeres, sea porque son bisexuales o para camuflar su homosexualidad. Los riesgos de transmisión del VIH tanto para el hombre como para la mujer que tienen ese comportamiento sin protección son elevados.

Hay que oponerse a las normas sociales que contribuyen a propagar el VIH. Debe estimularse a las madres y los padres a hablar con sus hijos sobre la sexualidad. A los varones jóvenes se les debe enseñar que la masculinidad no guarda relación con el número de parejas sexuales que tengan sino más bien con un comportamiento responsable. En cuanto a las mujeres jóvenes, hay que facilitarles las aptitudes para la vida necesarias para resistir ante la presión de sus compañeros tanto masculinos como femeninos. Se debe animar a los varones y a las mujeres jóvenes a que hablen abiertamente con sus compañeros sobre su relación y sobre las alternativas más seguras para la actividad sexual.

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4 - Diálogo de calidad entre los adultos, los jóvenes y los niños

Los niños y los jóvenes desean comunicarse y relacionarse con adultos de confianza. Los jóvenes de todo el mundo dicen que quieren una mayor discusión sobre las relaciones personales, el VIH/SIDA, el sexo y la sexualidad, y quieren que esta información se la proporcionen sus padres. Según los estudios realizados por el Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer, los jóvenes necesitan y quieren comunicarse con adultos que sean significativos en sus vidas, como los padres, tíos y tías, abuelos, padrinos y líderes de la comunidad.

En un estudio de aproximadamente 90 000 jóvenes de los Estados Unidos de América, se comprobó que los jóvenes que tenían un adulto atento y solícito en sus vidas tenían mayores probabilidades de fumar menos, de empezar las relaciones sexuales más tarde y de tener menos embarazos no deseados. Esto seguía siendo cierto al controlar factores tales como la raza, el nivel socioeconómico, el nivel de educación y si el niño vivía en el hogar con uno o con los dos padres.

Es fundamental, pues, que los padres establezcan relaciones de confianza con sus hijos escuchándolos y hablando con ellos. Una vez sentadas estas bases, resulta más fácil que los niños planteen sus preocupaciones sobre el sexo y la sexualidad, y que los padres puedan ofrecer mensajes claros de prevención. A su vez, los padres requieren a menudo información y conocimientos prácticos con el fin de asumir un papel más activo al comunicarse con sus hijos dentro del hogar y al propugnar en su nombre cuestiones relacionadas con el VIH/SIDA dentro de la comunidad.

En contextos estructurados, como escuelas, organizaciones religiosas y grupos deportivos, los adultos pueden servir de enlace entre un niño y sus padres, y también pueden actuar como persona de confianza con la que los niños y los jóvenes puedan hablar en momentos de necesidad.

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5 - Oportunidades económicas y formación profesional para reducir la vulnerabilidad de los niños y los jóvenes a la infección por el VIH

La pobreza puede hacer que comunidades enteras sean más vulnerables al VIH al obligar a los jóvenes a dejar sus hogares para buscar trabajo, al crear un sentimiento de desesperación que induzca a recurrir a las drogas o al convertir la prostitución en una estrategia de supervivencia para los niños y las mujeres jóvenes.

La pobreza también puede limitar el acceso de los jóvenes a la educación, ya que muchas familias indigentes no pueden costear los libros, los uniformes o las cuotas de la escuela, y a menudo necesitan la ayuda de los hijos para obtener los ingresos de la familia. La educación de las niñas se sacrifica con frecuencia para asegurar que los muchachos puedan acudir a la escuela. En consecuencia, muchas jóvenes crecen en el analfabetismo y con una formación laboral mínima o nula. En última instancia, esto hace que las mujeres jóvenes dependan económicamente de los hombres, en especial de sus parejas, y les roba la independencia y el poder para cuidar de sí mismas.

Otras situaciones también pueden aumentar la vulnerabilidad de los niños y los jóvenes a contraer el VIH. Muchos niños y jóvenes que viven en la pobreza se lanzan a deambular por las calles, con el peligro de que caigan en las drogas y la prostitución como consuelo y como trabajo mientras están ahí. Además, las zonas rurales y los barrios marginales suelen ser los menos cubiertos por las campañas de información sobre el SIDA y los peor atendidos por los servicios de salud, que podrían ayudar a reducir la propagación del VIH mediante el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual.

Es fundamental que las muchachas y los muchachos dispongan de un acceso pleno a la educación, a la formación profesional y al trabajo después de la graduación, de forma que no se vean obligados a iniciar actividades que, como la prostitución, los colocan en una situación de riesgo de infección por el VIH. Ofrecer a las mujeres jóvenes oportunidades de obtener ingresos (por ejemplo, mediante planes de microcrédito) las capacita para participar de forma más plena en la toma de decisiones dentro de la familia y de la comunidad. Este poder económico reduce las probabilidades de que sean sometidas a malos tratos y a explotación sexual y les permite proporcionar un cuidado más eficaz a sus hijos, rompiendo así el círculo de pobreza y dependencia. La mayor riqueza de la comunidad permitirá crear, al mismo tiempo, los servicios necesarios de salud y comunicación.

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6 - Educación sobre aptitudes para la vida, salud sexual y el VIH/SIDA dentro y fuera de las escuelas

En casi todos los países, la inmensa mayoría de los adolescentes están mal informados sobre la sexualidad y la reproducción. También carecen de las aptitudes sociales necesarias para negarse a una relación sexual no deseada o para negociar que ésta sea más segura. Sin embargo, muchos responsables de la adopción de políticas, líderes de la opinión pública y padres parecen pensar todavía que esconder a los jóvenes la información sobre la sexualidad y la reproducción les disuadirá de establecer relaciones sexuales. En contra de la creencia popular, se ha demostrado que una buena educación sobre el sexo no se traduce en una actividad sexual más temprana o más frecuente. Antes bien, ayuda a retrasar la edad del primer coito y a proteger a los jóvenes sexualmente activos frente a las ETS, el VIH y los embarazos no deseados. De hecho, la educación sexual es más eficaz cuando tiene lugar antes de la pubertad.

Las escuelas constituyen un medio eficaz y eficiente para llegar a una gran proporción de jóvenes y, a través de ellos, a sus familias y comunidades. Las escuelas influyen en los alumnos por medio de lo que aprenden en el plan de estudios y por los valores que les inculcan, como el respeto, la igualdad entre sexos y los derechos humanos. Las escuelas también pueden crear un entorno exento de malos tratos y fomentar la comprensión, el afecto y la no discriminación. Los maestros tienen que estar bien cualificados para integrar satisfactoriamente en el contexto escolar las aptitudes para la vida y la educación sobre el SIDA, así como para trabajar con otros educadores pares, quienes han demostrado ser sumamente eficaces para modelar los comportamientos de sus compañeros.

Aptitudes para la vida importantes en la era del VIH/SIDA

Los Ministerios de Educación, en colaboración con las asociaciones de padres y maestros, y con la participación de representantes de los estudiantes, deben desarrollar políticas para integrar en los planes de estudios unas buenas aptitudes para la vida, la salud sexual y la educación sobre el VIH/SIDA, empezando en la escuela primaria y continuando a lo largo de todo el ciclo formativo del estudiante. Se requiere la promoción pública de tales políticas con el fin de obtener el apoyo positivo de los padres y otros miembros de la comunidad.

Asimismo, es fundamental que los niños y jóvenes que no asisten a la escuela dispongan de formación respecto a las aptitudes para la vida, la salud sexual y la epidemia de VIH/SIDA, ya sea a través de ONG, empresas, foros comunitarios u otros medios. Los niños de la calle y los que trabajan tienden a ser los más vulnerables a la infección por el VIH, por lo que es necesario que reciban formación sobre las aptitudes para la vida antes de que adopten comportamientos de alto riesgo.

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7 - Servicios de salud acogedores para los niños y los jóvenes

Los niños y jóvenes que han sobrevivido a las enfermedades de la primera infancia reciben a menudo una menor atención a sus necesidades de salud. Muchas jóvenes solteras indican que les resulta muy difícil, si no imposible, acceder a tratamiento para las enfermedades de transmisión sexual (ETS), a los servicios de planificación familiar y a la asistencia prenatal y obstétrica. Para muchos jóvenes, los horarios de trabajo y la localización de los servicios impiden que puedan acceder a ellos, o simplemente son demasiado caros. Los temores respecto a la confidencialidad también evitan que muchos jóvenes utilicen servicios que requieren la autorización de los padres o cónyuges. Además, las actitudes críticas de muchos profesionales de la salud desaniman con frecuencia a los adolescentes, casados y no casados, en el momento de buscar consejo y tratamiento para problemas sexuales y de salud reproductiva. La prestación de servicios de salud sexual y reproductiva a los adolescentes es ilegal en algunos países.

Los servicios sanitarios para los niños y los jóvenes deben ser asequibles, accesibles, confidenciales y acríticos, si se pretende que se consideren «acogedores» para estos sectores de la población. Tales servicios han de incluir asesoramiento, pruebas y asistencia voluntarios para el VIH, así como servicios de apoyo para las personas ya infectadas. También pueden ofrecer consejo y apoyo a aquellos jóvenes que tengan familiares infectados por el VIH/SIDA. Los servicios pueden suministrarse en los centros de salud existentes que tengan una plantilla bien cualificada, en dispensarios especializados en la juventud y en ONG o instituciones comunitarias, como los clubes juveniles. Su personal está compuesto en parte por asesores pares dispuestos a comentar temas de planificación familiar, ETS, pruebas para el VIH y uso de medicamentos. Los educadores pares actúan como enlace entre los clientes y el personal médico, y pueden dispensar preservativos y otros suministros para la salud reproductiva. Allí donde existen, estos servicios «acogedores» han experimentado un crecimiento en el número de visitas de niños y jóvenes.

Es importante que los líderes locales y nacionales fomenten la prestación de servicios acogedores para los niños y los jóvenes, y también que promocionen el desarrollo de directrices sobre cómo llevar a la práctica tales servicios.

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8 - Apoyo y asistencia a los niños y jóvenes que viven con el VIH/SIDA o han quedado huérfanos por causa de esa enfermedad

A los jóvenes que saben que son VIH-positivos puede resultarles difícil aceptar que están infectados desde una etapa tan temprana de la vida. Aún puede ser más duro para ellos afrontar los sentimientos de ira y confusión acerca de su vida sexual y del riesgo de infectar a otros. Aun cuando existan grupos de apoyo al VIH/SIDA, es posible que ninguno de ellos encaje específicamente con las necesidades de las personas de esa edad. Además, los jóvenes que viven con el VIH requieren una mayor asistencia a medida que se deteriora su salud. Es frecuente, sin embargo, que se topen con obstáculos para recibir una buena atención sanitaria (véase: Punto de acción 7).

La factura que el SIDA pasa a los niños y jóvenes huérfanos a causa de la epidemia alcanza límites insospechados. No sólo deben superar la presión de ver cómo enferman y mueren sus padres, sino que también han de hacer frente a la ruina familiar: se socavan sus propias perspectivas de supervivencia. En general, tienen que dejar la escuela para cuidar y alimentar a sus padres y hermanos; a menudo deben abandonar el hogar para vivir con familiares que son tan pobres como ellos, o a pesar de su corta edad se los envía a vivir y a trabajar con conocidos o empleadores remotos.

Es esencial proteger los derechos de los niños y jóvenes que viven con el VIH/SIDA, que están afectados por la enfermedad o han quedado huérfanos a causa de ella; por ejemplo, su derecho a asistir a escuelas normales, jugar en equipos deportivos y tener acceso a grupos de apoyo. Asimismo, es necesario a menudo brindar respaldo económico y psicológico a las familias que adoptan a huérfanos y a los huérfanos que se convierten en cabezas de familia. Para lograr una eficacia máxima, los profesionales que trabajan con estos niños y jóvenes deben poseer una formación adecuada que les permita comprender sus necesidades y preocupaciones específicas. La participación de los propios niños y jóvenes en la atención y apoyo a los huérfanos y a otros jóvenes que viven con el VIH/SIDA o que están afectados por la enfermedad resultaría especialmente útil en lo que se refiere a la aceptación de sus iguales y al reforzamiento de un entorno no discriminatorio.

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Adaptadas de «Children on the Brink: Strategies to Support Children Isolated by HIV/AIDS», Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos de América, Washington D.C., 1997.


9 - Reducción del estigma y discriminación relativa al VIH/SIDA

Los jóvenes infectados por el VIH y los que tienen familiares que viven con el SIDA o han fallecido por su causa pueden ser objeto de burlas, expulsados de la escuela o privados de la compañía de sus amigos porque los padres de éstos les prohíben cualquier contacto. Los jóvenes, tanto infectados como afectados, suelen estar mal capacitados para afrontar la discriminación, incluida la dolorosa experiencia de ser rechazados por sus iguales. Es posible que ignoren sus derechos específicos, incluido el derecho a la no discriminación en la educación y el empleo, y que tengan un acceso mínimo a abogados u otros defensores que luchen en su nombre.

Esta discriminación contra las personas infectadas por el VIH, o contra las que se cree que están infectadas, supone una amenaza muy seria para la salud pública. La discriminación hace a menudo que las personas infectadas mantengan el secreto para protegerse a sí mismas y a sus familias frente a un posible ostracismo social. Esto significa que los individuos afectados están solos en su lucha contra el VIH y que son incapaces de beneficiarse del asesoramiento y de otros servicios de apoyo (si es que existen). Esta negación personal puede dar lugar a una ulterior transmisión del VIH, pues las personas infectadas pueden desconocer o no utilizar los medios adecuados para proteger a sus parejas sexuales. La falta de información sobre el estado serológico con respecto al VIH puede conducir a la gente a tener hijos sin aprovechar las ventajas de los fármacos antirretrovíricos, que pueden reducir la transmisión del VIH de la madre al niño -o transmisión maternoinfantil del VIH-, si es que están disponibles y son asequibles. El miedo al rechazo también complica las tareas de prevención; por ejemplo, si la pareja sexual interpreta que la insistencia en utilizar preservativos es indicativa de infección por el VIH.

Los esfuerzos concertados deberían centrarse en promover los derechos de las personas con el VIH/SIDA para que puedan vivir sin discriminación, y es necesario desarrollar y aplicar leyes y políticas que protejan tales derechos. La discriminación económica y social debería estar penalizada. Los empresarios, profesionales de la salud, maestros y políticos, entre otros, son responsables de ofrecer un trato igualitario a las personas que viven con el VIH. Los dirigentes nacionales y locales deben erigirse en la vanguardia para contrarrestar el miedo y el silencio que permiten que este estigma y esta discriminación causen violencia y dolor, y para allanar el camino hacia la aceptación. Además, las campañas en los medios de comunicación y las escuelas deben hacer hincapié en la necesidad de solidaridad y apoyo.

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10 - Prevención de la transmisión del VIH de la madre al niño

La transmisión del VIH de la madre al niño (TMN) es la principal causa de infección en los niños menores de 15 años. A medida que aumenta el número de mujeres en edad fértil que viven con el VIH, también crece el riesgo de transmisión maternoinfantil.

El virus puede transmitirse durante el embarazo (etapas tardías), en el momento del parto o en el curso de la lactancia. En ausencia de medidas preventivas, el riesgo de que un recién nacido contraiga el virus a partir de una madre infectada oscila entre el 15% y el 25% en los países industrializados, y entre el 25% y el 35% en los países en desarrollo. Esa diferencia se debe principalmente a las prácticas de alimentación: la lactancia materna es más frecuente y suele mantenerse durante más tiempo en los países en desarrollo que en el mundo industrializado.

Aunque el SIDA ha invertido el progreso constante en la supervivencia infantil logrado durante años, en la actualidad existen medios eficaces para prevenir la transmisión maternoinfantil del VIH. Entre estas estrategias de prevención destacan:

Sin embargo, introducir una estrategia de tratamiento antirretrovírico y lactancia artificial es un proceso complejo. Para aprovechar la intervención, es necesario que las madres sepan que son seropositivas, lo que significa que han de tener acceso voluntario a servicios de asesoramiento y pruebas diagnósticas. Los costos y beneficios tienen que sopesarse cuidadosamente. Los responsables de la adopción de políticas deben decidir qué tipo de programa es factible y más apropiado para sus países, y si conviene o no evaluar modelos de la estrategia mediante proyectos piloto antes de introducirla de manera más generalizada.

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¡Escucha, aprende y vive!

Escuchar a los niños y los jóvenes, interesarse por sus opiniones y preocupaciones, y comprender lo que tiene importancia en sus vidas.

Aprender el uno del otro a respetar, participar, apoyar y cómo hay que prevenir la infección por el VIH.

Vivir en un mundo donde se respeten los derechos de los niños y los jóvenes y donde reciban atención y no sufran discriminación las personas que viven con el VIH/SIDA.


El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) es el principal promotor de la acción mundial contra el VIH/SIDA. Reúne a siete organizaciones de las Naciones Unidas en un esfuerzo común para luchar contra la epidemia: el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), el Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial.

El ONUSIDA moviliza las respuestas de sus siete organizaciones copatrocinadoras a la epidemia y complementa esos esfuerzos con iniciativas especiales. Su objetivo es encabezar e impulsar la ampliación de la respuesta internacional al VIH en todos los frentes: médico, de la salud pública, social, económico, cultural, político y de los derechos humanos. El ONUSIDA colabora con múltiples asociados –gubernamentales y de ONG, empresariales, científicos y de otros campos- para compartir conocimientos teóricos y prácticos así como prácticas óptimas más allá de las fronteras


Programa Conjunto de las Naciones Unidas (ONUSIDA)
20, avenue Appia, 1211 Ginebra 27, Suiza
Tel.: (+41 22) 791 4651 – Fax: (+41 22) 791 4165 Dirección electrónica:
unaids@unaids.org – Internet: http://www.unaids.org


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