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Correspondencia de Europa con la cinta del SIDA .

El colapso estructural prepara el escenario para la rápida propagación del VIH/SIDA entre los jóvenes en Europa Oriental:


Documento de Antecedentes para la Prensa

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Kiev, 12 de mayo de 1999

En Europa Oriental y Asia Central los niños y los jóvenes comparten cada vez más el equipo para inyectarse drogas intravenosas y se incorporan al comercio sexual sin protección con tan sólo 12 años de edad. En muchos países, la economía sigue desmoronándose y las tasas de desempleo aumentan sin cesar, de modo que los jóvenes confían de forma creciente en fuentes alternativas de sostén económico y psicológico. Muchos se refugian en el alcoholismo y el consumo de drogas; otros optan por la vida callejera, por entrar en el comercio sexual y por cometer actos delictivos para obtener dinero con que satisfacer sus necesidades. A pesar de que en la región las tasas actuales de infección por el VIH son bajas en comparación con las que presentan algunos países de áfrica, la región reúne las condiciones para una epidemia explosiva de SIDA a menos que se tomen urgentemente medidas preventivas eficaces.

Con la finalidad de evitar un crecimiento exponencial en las tasas de prevalencia actualmente bajas que presenta la región, el Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el VIH/SIDA (ONUSIDA) ha emprendido la Campaña Mundial contra el SIDA de 1999 con los niños y los jóvenes, cuyo lema es ¡Escucha, aprende y vive!. Por medio de esa iniciativa se hace un llamamiento a los adultos para que dejen de decir a los jóvenes lo que tienen que hacer y en cambio escuchen de sus preocupaciones, ideas y aspiraciones para comprender la realidad en que se desenvuelve su vida y para hacerlos participar plenamente en el desarrollo de programas que puedan cambiar la situación. Para ello es imprescindible Escuchar, aprender y vivir:

El número de infecciones por el VIH en Europa oriental se ha multiplicado por nueve en tan sólo tres años, pasando de menos de 30.000 infecciones en 1995 a una cifra aproximada de 270.000 hasta diciembre de 1998. Ucrania ha tenido la más dramática epidemia y se estima que a Diciembre de 1997 cerca de 110,000 personas vivian con el VIH, dos terceras partes de ellas con antecedentes de consumo de drogas intravenosas. Desde entonces la epidemia ha crecido en forma rápida. Análogamente, Belarús, Moldova, Kazajstán y la Federación de Rusia están sufriendo una epidemia creciente; más del 80% de los casos se producen en personas con antecedentes de consumo de drogas intravenosas.

La combinación de la pobreza, que en la región se ha generalizado con el deterioro de la calidad y el acceso a la atención sanitaria, están favoreciendo la propagación del VIH. La pobreza y las elevadas tasas de desempleo han conducido a muchos jóvenes a perder la fe en el sistema educativo y en la necesidad misma de seguir estudios, mientras ven como se van reduciendo las posibilidades de empleo futuro. Los jóvenes cada vez más abandonan la escuela y se pasan el tiempo con sus compañeros en ambientes inadecuados. Como hay pocos lugares donde los jóvenes puedan reunirse y practicar deportes en un entorno seguro, algunos de ellos se inician en las drogas, en la violencia y en la actividad sexual precoz. Mientras tanto, con la desaparición de las viejas redes de seguridad y con el doloroso proceso de transición a una economía de mercado libre en marcha, muchos padres dedican menos tiempo a sus hijos mientras luchan por llegar a fin de mes. Muchos de esos padres también están recurriendo al alcohol para olvidar su abrumadora situación. Como resultado, las relaciones entre los padres y los hijos se ven afectadas. Los padres suelen estar menos disponibles para entablar el tipo de diálogo abierto y solícito que crea los lazos de confianza entre un padre y un hijo. Ahora se sabe que esos lazos sirven para reducir la adopción de comportamientos de riesgo en los jóvenes, al aplazar el inicio sexual y reducir las tasas de consumo de drogas.

Junto con el colapso económico, la región también está dando signos de un alarmante deterioro de la asistencia sanitaria. Un número creciente de enfermedades curables se dejan sin tratar. Desde el inicio de la epidemia de SIDA, el ejemplo más preocupante de tales enfermedades son la sífilis y las demás infecciones de transmisión sexual (ETS). En prácticamente todas las partes de la antigua Unión Soviética, incluidas la Federación de Rusia, Ucrania, Moldova y los países bálticos y de Asia Central, las tasas notificación de sífilis han presentado un aumento pronunciado desde 1991, alcanzando más de 500 nuevos casos anuales por 100.000 habitantes en la ciudad de Kaliningrado y en el extremo oriental ruso. Esas elevadas tasas ilustran la ausencia o la ineficacia del tratamiento de las ETS. Indican la magnitud del comportamiento sexual peligroso en la región, porque las ETS se transmiten a través de las relaciones sexuales sin protección (coito sin preservativo). Además, esas enfermedades tienen el potencial de agravar la epidemia de VIH: está plenamente comprobado que cuando un miembro de la pareja tiene una ETS sin tratar, existe un riesgo significativamente mayor de transmisión del VIH durante la relación sexual.

Las tasas de ETS entre los jóvenes están subnotificadas de una forma muy notable porque los servicios existentes no son acogedores para este grupo de población, es decir que muchos jóvenes a menudo no tienen acceso a los centros de salud o bien se les rechaza el tratamiento por razón de su edad. A pesar de ello, vemos elevadas tasas de ETS entre los menores de 25 años en algunos países de Europa Oriental. En Moldova, por ejemplo, en 1998 se infectaron por la sífilis 156 jóvenes por 100.000 habitantes.

El consumo de drogas ilícitas en la región también está en aumento y la tendencia apunta hacia un inicio cada vez más precoz en el consumo de drogas intravenosas. En Ucrania y San Petersburgo (Federación de Rusia), hasta un 20% de los consumidores de drogas intravenosas (CDI) son adolescentes, los más jóvenes de los cuales tienen alrededor de 12 años de edad. En Almaty (Kazajstán), unas encuestas efectuadas entre consumidores de drogas indicaron que de los aproximadamente 40.000 que había en la ciudad, la mitad eran menores de 18 años. La edad promedio para el inicio en el consumo de drogas era de 15-16 años, mientras que para el caso del consumo de drogas intravenosas era de 17-18 años. Las encuestas entre CDI en Almaty pusieron de manifiesto que el 76% se habían inyectado drogas por primera vez a la edad de 19 años, y el 30% habían empezado a hacerlo antes de cumplir los 15 años. La posibilidad de propagación del VIH a través de la comunidad de CDI es sumamente elevada. En esta región, los CDI comunican en su mayoría que comparten las jeringuillas y se inyectan la droga de un recipiente común. Muchos de ellos también añaden sangre a la mezcla de droga que preparan para inyectarse.

También puede producirse una propagación significativa del VIH fuera de la comunidad de CDI. Los usuarios de drogas también tienen relaciones sexuales, y el comportamiento sexual peligroso está muy asociado con el consumo de drogas. La mayor parte de los consumidores de drogas entrevistados en Osh (Kirguistán) declararon que tenían relaciones sexuales a cambio de dinero de forma periódica o sistemática para ganarse la vida o para comprarse drogas. Se calcula que el 90% de esos contactos sexuales comerciales se producen sin utilizar un preservativo. En Tashkent (Uzbekistán), más de la mitad de los compañeros sexuales de los consumidores de drogas no toman drogas, pero tienen relaciones sexuales sin protección con ellos.

En Kiev (Ucrania), los informes indican que cada vez hay más muchachas de entre 13 y 15 años de edad que salen a la calle para prostituirse. Debido a su edad, no tienen ni la capacidad ni la experiencia para resistir la violencia de los clientes o para exigir la utilización de un preservativo. Las prostitutas de mayor edad reaccionan enérgicamente contra la competencia, que les resta poder de negociación para insistir a sus clientes que utilicen un preservativo. En la mayor parte de la región, las prostitutas infantiles y las jóvenes mujeres trabajadoras o estudiantes que reciben un pago en metálico o en especie a cambio de relaciones sexuales constituyen un grupo oculto, y hasta el presente se dispone de poca información sobre él. Como consecuencia, muchas de esas niñas y mujeres jóvenes no tienen acceso a los programas de prevención del VIH.

Un trágico ejemplo del impacto de la pobreza y de la ausencia de lazos protectores entre los niños y los adultos influyentes lo podemos encontrar entre los niños gitanos. Las tradiciones socioeconómicas y culturales que orientan las decisiones en la vida han dejado a muchos niños gitanos en Bulgaria y Rumania en una posición altamente vulnerable a la infección por el VIH. Se estima que en Bulgaria el 52% de los niños gitanos sanos de 7 a 16 años de edad no asisten a la escuela por la pobreza, por la falta de valor acordado a la educación en la comunidad y por las pautas migratorias del grupo. El analfabetismo y la ausencia de aptitudes negociables hacen difícil que los jóvenes gitanos accedan más adelante al mercado laboral y triunfen en él. Paralelamente, muchos niños gitanos no crecen con su familia sino en instituciones estatales que les proporcionan las necesidades básicas para sobrevivir, como comida y vivienda, pero que prestan poca atención a sus necesidades psicológicas. Los estudios que siguen a esos niños al término de su estancia en tales instituciones ponen de manifiesto que con frecuencia pasan a involucrarse en el consumo de drogas y en actividades delictivas, y que son incapaces de mantener relaciones sanas. Muchos otros niños gitanos trabajan en la calle. En Rumania, por ejemplo, la mayoría de los 2000-5000 niños que trabajan o viven en la calle, donde corren el riesgo de ser víctimas de abusos sexuales, de la violencia y de la explotación laboral, son niños gitanos. Esos niños suelen establecer sus principales relaciones con otros niños que consumen drogas y que entran en el comercio sexual, comportamientos que en los dos casos aumentan su riesgo de infectarse por el VIH.

El lema de la Campaña Mundial contra el SIDA de 1999, ¡Escucha, aprende y vive!, destaca la extrema necesidad de escuchar a los niños y los jóvenes para lograr que participen eficazmente en la acción dirigida a proteger sus derechos y a reducir su vulnerabilidad a la infección por el VIH. Ante los seis nuevos casos de infección por el VIH que se producen entre los jóvenes del mundo entero todos los minutos, y ante el número creciente de jóvenes consumidores de drogas intravenosas y de jóvenes profesionales del sexo en Europa Oriental y Asia Central, se necesita urgentemente que los gobiernos busquen un compromiso para cambiar la situación. Para evitar una epidemia desenfrenada, entre los cambios necesarios deben figurar la enseñanza para todos los niños, incluidos los que viven en la pobreza; la puesta en práctica y ampliación de la educación sobre aptitudes para la vida, de los servicios acogedores para los jóvenes y de las iniciativas para la reducción del daño, como la educación sobre el VIH y los programas de intercambio de agujas para reducir el riesgo entre los consumidores de drogas; la facilitación del acceso a los preservativos y al tratamiento de las ETS; y mayores oportunidades económicas para las mujeres jóvenes de modo que no se vean forzadas a acceder a la prostitución para su supervivencia económica.


Para obtener más información, le rogamos ponerse en contacto con Anne Winter, ONUSIDA, Brasilia, teléfono móvil (+55 61) 985.5147; Eliane Izolan, ONUSIDA, Brasilia (+55 61) 315.2544 o 225.0407; Lisa Jacobs, ONUSIDA, Ginebra, (+41 22) 791.3387; Karen O’Malley, ONUSIDA, Nueva York (+1 212) 584.5022. Asimismo, para más información sobre el Programa, puede consultar la página Web del ONUSIDA en Internet (http://www.unaids.org).


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