"The Council Call"
A Commitment on HIV/AIDS by People of Faith
We are members of different faith communities called by God to affirm a life of hope and healing in the midst of HIV/AIDS.
The enormity of the pandemic itself has compelled us to join forces despite our differences of belief. Our traditions call us to embody and proclaim hope, and to celebrate life and healing in the midst of suffering.
AIDS is an affliction of the whole human family, a condition in which we all participate. It is a scandal that many people suffer and grieve in secret. We seek hope amidst the moral and medical tragedies of this pandemic in order to pass on hope for generations to come.
We recognize the fact that there have been barriers among us based on religion, race, class, age, nationality, physical ability, gender and sexual orientation which have generated fear, persecution and even violence. We call upon all sectors of our society, particularly our faith communities, to adopt as highest priority the confrontation of racism, classism, ageism, sexism, and homophobia.
As long as one member of the human family is afflicted, we all suffer. In that spirit, we declare our response to the AIDS pandemic:
We are called to love: God does not punish with sickness or disease but is present together with us as the source of our strength, courage and hope. The God of our understanding is, in fact, greater than AIDS.
We are called to compassionate care: We must assure that all who are affected by the pandemic [regardless of religion, race, class, age, nationality, physical ability, gender or sexual orientation] will have access to compassionate, non-judgmental care, respect, support and assistance.
We are called to witness and do justice: We are committed to transform public attitudes and policies, supporting the enforcement of all local and federal laws to protect the civil liberties of all persons with AIDS and other disabilities. We further commit to speak publicly about AIDS prevention and compassion for all people.
We promote prevention: Within the context of our respective faiths, we encourage accurate and comprehensive information for the public regarding HIV transmission and means of prevention. We vow to develop comprehensive AIDS prevention programs for our youth and adults.
We acknowledge that we are a global community: While the scourge of AIDS is devastating to the United States, it is much greater in magnitude in other parts of the world community. We recognize our responsibility to encourage AIDS education and prevention policies, especially in the global religious programs we support.
We deplore the sins of intolerance and bigotry: AIDS is not a "gay" disease. It affects men, women and children of all races. We reject the intolerance and bigotry that have caused many to deflect their energy, blame those infected, and become preoccupied with issues of sexuality, worthiness, class status, or chemical dependency.
We challenge our society: because economic disparity and poverty are major contributing factors in the AIDS pandemic and barriers to prevention and treatment, we call upon all sectors of society to seek ways of eliminating poverty in a commitment to a future of hope and security.
We are committed to action: We will seek ways, individually and within our faith communities, to respond to the needs around us.
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The AIDS National Interfaith Network no longer exists. Portions of the text of this document were taken, with permission, from The African American Clergy's Declaration of War on HIV/AIDS (The Balm in Gilead Inc., 1994), and from The Atlanta Declaration (AIDS National Interfaith Network, 1989).
Un Compromiso sobre VIH/AIDS por todas las personas de Fé
"El Llamado del Concilio"
Somos miembros de diferentes comunidades de feligreses llamados por Dios para afirmar una vida de esperanza y curación en medio del sindrome HIV/SIDA. La enormidad de la pandemia nos ha obligado a unir nuestras fuerzas a pesar de nuestras diferentes creencias. Nuestras tradiciones nos llaman a englobar y a proclamar la esperanza, y a celebrar la vida y curación en medio del sufrimiento.
El SIDA es una aflicción de toda la familia humana, una condicion en la cual todos participamos. Es una vergüenza que tanta gente sufra y se lamente en secreto. Nosotros buscamos la esperanza en medio de las tragedias médicas y morales de esta pandemia a fin de transmitir la esperanza a futuras generaciones.
Reconocemos que entre nosotros han habido barreras. Estas barreras de religión, raza, clase social, edad, sexo y orientación sexual han generado miedo, persecución y hasta violencia. Hacemos un llamado a todos los sectores de nuestra sociedad, particularmente a nuestras comunidades de feligreses, a adoptar como prioridad, la lucha contra el racismo, el clasismo, la discriminacion contra personas de edad avanzada, el sexismo y la homofobia.
Basta con que un solo miembro de la familia humana padezca este mal para que todos suframos. En ese espíritu, declaramos nuestra respuesta a la pandemia del SIDA:
Estamos llamados al amor: Dios no castiga con mal o con enfermedad. El está presente con nosotros como fuente de fuerza, valor y esperanza. Nuestro Dios es más grande que el virus del SIDA.
Estamos llamados a cuidar con compasión: Debemos asegurar que todos aquellos que están afectados por la enfermedad [a pesar de la edad, raza, sexo, nacionalidad u orientación sexual] tengan acceso a un cuidado con compasión y sin prejuicios, al respeto, al apoyo y a la asistencia.
Estamos llamados a ser testigos y a hacer justicia: Estamos comprometidos a transformar las actitudes públicas y la política, apoyando la ejecución de todas las leyes locales y federales que protegen los derechos civiles de todas las personas con SIDA y otras incapacidades. Nosotros además nos comprometemos a hablar públicamente sobre cómo prevenir el SIDA y tener compasión con toda persona.
Promovemos la Prevención: Dentro del contexto de nuestras respectivas creencias, aprobamos la información correcta y comprensiva al público sobre la transmisión del VIH, y las maneras de prevenirla. Prometemos desarrollar programas completos sobre la prevención del SIDA dirigidos a la juventud y los adultos.
Reconocemos que somos una comunidad global: Mientras la aflicción del SIDA ha sido devastadora en los Estados Unidos, es mucho mayor en otras partes de la comunidad mundial. Reconocemos nuestra responsabilidad de fomentar la educación sobre el SIDA y una política de prevención, especialmente en programas religiosos de la comunidad global.
Lamentamos los pecados de intolerancia y fanatismo: El SIDA no es una enfermedad de "homosexuales." Afecta a hombres, mujeres y niños de todas las razas. Rechazamos la intolerancia y el fanatismo que han llevado a muchos a desviar su energía, a culpar a las víctimas y a preocuparse por los temas de sexualidad, dignidad, condición de clase o dependencia de drogas y alcohol.
Retamos a nuestra sociedad: Porque la disparidad económica y la pobreza son los mayores contribuidores a la pandemia del SIDA, así como barreras a la prevención y el tratamiento, hacemos un llamado a todos los sectores sociales para buscar formas de eliminar la pobreza, en un compromiso hacia un futuro de esperanza y seguridad.
Estamos comprometidos a actuar: Buscaremos formas, individualmente y dentro de nuestras comunidades de fé, para responder a las necesidades que nos rodean.
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Partes del texto de este documento fueron tomadas con el permiso de "The African American Clergy's Declaration of War on HIV/AIDS," (The Balm in Gilead Inc. 1994), y "The Atlanta Declaration," (AIDS National Interfaith Network, 1989).
